De culpas enterradas en tu ombligo, de reencuentros casuales que cosquillean las mejillas, de desaires de indiferencia en y aquel morboso hormigueo, de ese revoltijo se alimenta mi desdicha .
Enganchada a mis piernas me conduce a indagar, trepa por mi vientre aconsejando a mi angustia.
Te retengo; -al igual que un beso, con un sofocante y húmedo desinterés-, pareces tan contento...
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