Permanecerás en mí aun sin carne y llanto,
encerrado en mi inconsistente soberbia,
te llevarás mi ingenuidad con el mismo arrebato de antes
y te cargaré sobre mi piel durante los años.
Pasará mi vida entre roces de hipocresía e indolencias,
y acudiré a ti en noches de placentera soledad,
compartiendo contigo la melancolía de mis esperanzas destrozadas
al templar mi piel sobre tu espalda.
Serás siempre tú, mi daño más deseado.