Le he dicho a él que mis dedos buscan cincelar su cuerpo,
y que mi voz se desliza intentando fusionarse con la suya en un solo acorde.
He pronunciado su nombre con extrañeza, añoranza e impaciencia,
aturdiendo el ideal de mi deseo.
Le he incitado a desafiarme en un juego disfrazado de lujuria,
en donde mi vergüenza se ha transformado en un efímero goce.
He contemplado el enigma en su presencia, intentando descifrar
cada hendidura y cada potencia.
Ha nacido en mi piel, el deseo de corromperme con su esencia...
Lo he dicho tanto para mi, que he olvidado decirle mi percepción de sí.
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